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Opinión: Lucha de contrarios

sábado, 17 de mayo de 2014

El mundo es un amplio espacio sumido en una profunda crisis moral en la que prima el materialismo y el instinto. Un lugar en el que el concepto de bien y mal se contraponen, y en el que el ser humano parece más un ser vivo escapado del zoológico que un ser capaz de razonar, de establecer y tomar sus propias decisiones a partir de un amplio abanico de cuestiones. El mundo está sumido en un profundo caos, en el que todo es una continua lucha de contrarios, lucha en la que el conocedor de la situación trata de despertar al mundo haciéndole entender la situación real, pero que sus gritos por desaturrullar al mundo son meros murmullos ahogados entre el bullicio de la sociedad. Una sociedad ignorante carente de sentido en su vida que se limita a vivir sin un fin u objetivo ético que solventar. Personas débiles que se dejan llevar por el viento de la situación, ya sea por ignorancia o por miedo a expresar lo que sienten o piensan. Nunca hay que tener miedo a expresar nuestros principios. Toda persona está en su derecho de defender unos ideales por los que vive, siempre bajo un fondo ético y moral, y debe ser respetado. La sociedad vive en un mundo manipulado por gran parte de los medios de comunicación -altamente politizados-, los cuales imponen una serie de modelos de vida erróneos que generan una sociedad corrupta y desproporcionada.
El hombre debe exaltar sus valores personales y elevar la dignidad de su raza -hasta ahora muy degenerada- y no dejarse llevar por la marea ni por un mundo tempestuoso en el que todo es relativo. Incluso los políticos se limitan a vivir con el objetivo de encauzarse el bolsillo entregándose al arte de la oratoria y a defender una serie de hechos inmorales e impropios de la condición humana, que incluso ellos puede que no estén de acuerdo, pero que el afán de poder les mueve a defender y promover.
Toda persona debe aprender a vivir de una forma correcta, conforme a su conciencia, sin dejarse llevar por el instinto, superficialidad y materialismo... debe aprender a vivir de una forma ética, en la que el ser humano conviva en paz y armonía con el resto, y sin necesidad de manipular con el único objetivo de lograr un beneficio propio. El hombre debe buscar un sentido a su vida, aquello por lo que realmente merece la pena vivir, y no limitarse a disfrutar del momento así sin más no importándole si hace bien o mal, porque entonces ya todo estará perdido, su vida estará llena de vacío, y ya será tarde para comenzar una nueva lucha de contrarios.

Relaciones antitéticas

Toda guerra sucede por alguna causa, por algún hecho o circunstancia que explota en un determinado momento. El detonante de esa guerra probable puede ser provocado o simplemente originado, no buscado ni perseguido. En esa guerra aparecerán los bandos, los enemigos, los contra-atacantes y contra-atacados; cada bando tendrá una concepción diferente de la vida, de los demás y de sí mismo, concepción que se verá influenciada y determinada por la formación que le hayan otorgado, y también por el contexto social en el cual se desarrolle su vida. Todos los bandos harán aquello que crean mejor, aquello que sea acorde con sus coherencias. Unos respetarán, otros atacarán, y puede que además busquen en el arte de la demagogia su arma de doble filo. Estos últimos, se acogerán al arte de la manipulación como búsqueda exasperada de la consolación y de la falta de recursos o argumentos: Tratarán de imponer su poder como objeto de control. Sin embargo, aquellos que no sean sometidos a dichas palabras, se verán envueltos en numerosas críticas: Todo será fruto del mero intento de lograr el monopolio de la situación, a través de la lucha por bajar la estima de la persona, enalteciendo al orador. Sin embargo, aquel orador que se mantenga firme en sus palabras jamás elevará la voz ni desarrollará una táctica de control, puesto que la confianza en éstas le ayudará para valerse por sí mismo sin necesidad de manipular al resto. A pesar de todo, la ignorancia dará fruto a la equivocación, y la equivocación al establecimiento de culpa al inocente. Éste último será castigado por las infamias e injurias de sus enemigos, los cuales se quedarán en las apariencias sin profundizar en las causas que originaron el proceso de desviación. Éstas infamias e injurias acelerarán el proceso anteriormente nombrado con la consecuente desviación total del grupo. Tras dicha desviación, el demagogo hará alarde de su arte con el único objetivo de lograr la unión del grupo. Otras veces buscará en la crítica y en el sentimiento de culpa su arma de control. Sin embargo, el orador inefable utilizará la ignorancia como arma, logrando así la degeneración del grupo manipulador. El primero continuará cegado por sus incoherencias, mientras que el segundo seguirá firme en sus actos y en sus coherencias: Los actos sucedidos le habrán demostrado lo necesario para ser consciente de la situación real. Por último, se producirá la desviación total e inevitable del grupo debido a los hechos inminentes acaecidos. El orador inefable comprenderá el por qué de sus razones, mientras que el orador demagogo criticará la decisión tomada por el orador inefable, y es que como dice el refrán "No hay peor ciego que el que no quiere ver": El inefable abrió los ojos, el demagogo se hundió en sus pesadumbres.


Lourdes Núñez Ardila

 
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