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Amamos lo que conocemos

sábado, 17 de mayo de 2014




"Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas"

PARACELSO



¿Sólo se ama lo que se conoce? ¿O también amamos lo que no conocemos? Ambas preguntas podrían tener una respuesta afirmativa, pero más afirmativo resultaría decir: Sí, amamos lo que conocemos. Y ¿Por qué? Pues bien, no se puede amar lo que no se conoce, pues como es evidente "no se conoce". Sin embargo, cuando conocemos algo de verdad, lo "descubrimos", profundizamos en ello, llegamos a amarlo.

Yo, por ejemplo, siempre he odiado las matemáticas, pero sin embargo las pocas veces que lograba aprender algo con óptimos resultados, -pocas veces eran esas- experimentaba interés e incluso "amor" por ellas.













Y es que amamos lo que conocemos.

¡Toc, toc!




- ¡Toc, Toc!
- ¿Quién es?
- Soy yo, el amor
- Perdon, ¿Quién? ¿El amor?
- Sí, sí, el amor
- Perdone, pero se ha equivocado
- ¿Yo equivocarme? Jamás, la que está equivocada eres tú... ¿A quién pretendes engañar?
- ¿Engañar? Yo no pretendo engañar a nadie, sólo le digo que se ha equivocado... Por favor vayasé...
- ¡Ay, Pobre ingenua! Pobre ilusa... Pobre estúpida que te dejas engañar... Sabes que ya he entrado, ¿Por qué intentas echarme? No puedes, es algo inevitable.
- Sólo intento olvidar, después de todo no debe ser tan difícil
- ¿Difícil? ¡¿Sólo difícil?! No es tan fácil, y lo sabes...
- ... Sólo es cuestión de tiempo... Una vez, ya no más...
- ¿Ya no más? Ni tu misma crees en tus palabras... Otro llegará y volverás a caer... Pobre ingenua...
- Sólo quiero intentarlo, ¡Déjame!, ¿Por qué no te vas? ¿Por qué te empeñas en ocupar mi tiempo? Sólo quiero ser feliz, a mi manera, vete... Déjame, no quiero saber más de ti.
- No puedes huir de mí... ¡Pobre tonta, enamoradiza!
- Déjame, no quiero oirte, no quiero volver a saber más de ti. Cuando vuelves es sólo para hacerme daño. El amor no existe, lo sé...
- El amor no existe, puede ser, pero cuando llama a tu puerta nadie le dice que no.
- Pero no llamará...
- Algún día alguien vendrá, sabrá hacerte feliz
- No, no es cierto, no te creo, todos son iguales...
- Llegará cuando menos te lo esperes
- ¿Y si ahora vuelve?
- No volverá, lo sabes...
- No volverá, lo sé... Aunque si volviese...
- Aunque si volviese, ¿Qué?
- ... Nada, ya no estaré aquí para recibirle, será demasiado tarde
- Pero de mí no te olvidarás...
- Sólo es cuestión de tiempo que tarde o temprano te vayas...
- Pero volveré
- Volverás... No lo sé, pero, ¿Sabes qué? Me da igual, ahora quiero olvidarte, quiero olvidarme de todo esto... Fui feliz durante un tiempo, de nuevo nació en mi esa ilusión, ese sentimiento que tanto añoraba...
- Y es que la vida puede ser maravillosa...
- Puede... A veces lo es, y a veces no, y ahora no es el momento. Ya hemos hablado bastante, vete y no vuelvas más...
- Te lo he dicho, no puedes engañarte, no puedes echarme...
- Pero dices que volverás, ¿No?
- Volveré
- Así pues, hasta entonces

Ecos de guerra

Este relato tiene un par de años. Lo escribí para "Excelencia Literaria". Evidentemente no me lo publicaron, al igual que todos los que enviaba. No está bien escrito, pero debido a la petición de una persona, he accedido a publicarlo. Espero que aún así lo disfruten ;)



01/06/1939... Resuenan ecos de guerra.... El sol amanece sobre un mar apacible en calma. El 17 de julio del 1936 la guerra civil comenzó a sentirse, y tras cuatro años de continuas batallas entre franquistas y republicanos, Franco proclama su victoria el 1 de abril de 1939. Habían muerto medio millón de personas. Un trágico suceso, difícil de olvidar.

Una lágrima resbala por mí mejilla al recordar el trágico suceso acontecido un año atrás. Era una lluviosa mañana de abril, tenía 12 años. Desde aquella mañana sabía que nada volvería a ser igual. Presentía en lo más profundo de mí ser, que algo iba a suceder; dos horas más tarde me enteré de lo sucedido: Mis padres habían sido brutalmente asesinados. Quizás, fuí el último aliento de vida que les mantuvo con el valor de luchar, antes de que las balas de los fusiles, en manos de los republicanos, atravesaran sus cuerpos sin compasión. Minutos después de enterarme del terrible acontecimiento, comencé a asimilarlo. El dolor se apoderó de mí. La tristeza se hizo presente en mi vida. Hacía tan sólo unas horas que había estado con ellos, y ahora, a causa de la guerra, los había perdido. Toda la alegría de mi adolescencia había desaparecido. Nada volvería a ser igual. Fue un año díficil que conseguí superar con múltiples esfuerzos por salir adelante.
Un mes más tarde, me encontraba en un orfanato. Era un lugar carente de alegría, invadido por una triste pérdida, pero el deseo de recuperar el calor de una familia me aportaba fuerzas por salir adelante.
Un año más tarde, un señor y una señora elegantemente ataviados acudieron al orfanato. Buscaban un hijo, un hijo al que darle amor, de lo que yo por entonces, carecía. Cuando los ojos de aquella señora se posaron sobre mí, sentí una punzada de esperanza por recuperar el calor de una familia que un día me arrancaron.
Días despues, iba camino de mi nuevo hogar: Una bonita casa a orillas del mar. Mi padre es un importante economista, y mi madre una locutora de radio destacada en la sociedad. Estos últimos meses han sido y son, los más felices de mi vida, y es que, hay cosas que el dinero no puede comprar, como una familia. He aprendido muchas cosas, pero lo más importante ha sido aprender a sonreír. Sonrisa que un día me arrebató la crueldad, pero que ahora no me podrá arrebatar nada ni nadie. Desde entonces vivo con mi nueva familia, familia que no cambiaría por nada en el mundo.
Comprendí que la palabra hogar es algo más que una simple palabra. Cuando decimos hogar, también decimos: Amor, alegría, felicidad... lo esencial para una persona. Esencia que yo necesitaba, y que ahora tengo.

El sol perfila el horizonte, entre los colores del atardecer.

Lourdes Núñez Ardila

I Parte


Esta es una historia que escribí hace ya unos años. A ser verdad, no he escrito aún segunda parte, pero bueno, espero que os guste al menos este capítulo primero ;)


I PARTE
                          
         
           Era una soleada tarde de agosto. Una chica  de 16 años caminaba pesarosamente por el sendero que conducía hacia el misterioso bosque de las afueras de la ciudad.
       
          Se llamaba Victoria. Victoria era una chica alta, de complexión delgada. En su rostro blanquecino, se dibujaban unos profundos ojos verdes, que llenaban de curiosidad a todo aquel que se cruzase en su camino. Su nariz era fina y elegante, y sus labios atractivos y seductores. De su cabello, rubio y largo, colgaban unos rizos marcados. Victoria era una joven misteriosa y callada, pero afable al trato. Sus amigos la describían como una chica sorprendente, de la que uno nunca sabe que podrá hallar en ella. Algunos creían que aquel misterio que los embriagaba, tan sólo era una máscara, tras la cual se encontraba una joven débil e indefensa. Por ello decidieron proponerle un reto sobrecogedor: Adentrarse en el bosque, -del que nadie ha logrado salir- y volver antes del segundo amanecer.
           Se dice que hay algo poderoso y mágico que habita en sus entrañas. Una leyenda asegura que un hombre que paseaba con su rebaño se adentró en él, y que nunca más, volvió a ser visto. Al día siguiente,         -en los alrededores del bosque- encontraron el bastón que le servía de apoyo. El tiempo pasó, y nadie volvió a hablar más de lo sucedido, hasta que 10 años después ocurrió algo similar. Una mujer que paseaba con su perro, desapareció entre la maleza del bosque. La hipótesis del suceso apunta a que la mujer corrió tras el animal, el cual se dirigía al misterioso lugar. Desde entonces han pasado treinta años.
          Ahora Victoria se dirigía hacia el, con rostro firme y paso decidido, a su pesar. De su espalda colgaba una mochila repleta con lo imprescindible. Vestía un chándal rojo que exaltaba su figura.
          Victoria estaba consternada, con la cabeza llena de preguntas y preocupaciones, ¿Y si no volvía a salir de allí? ¿Qué dirían sus padres cuando se enterasen de lo sucedido? Victoria era una chica valiente, y sincera, y aquella tarde se había visto obligada a mentir a sus padres, diciéndoles que se iba a pasar dos días al pueblo de su amiga Kate. Sus amigos, al ver que esta aceptaba, trataron de retenerla, pero Victoria era una chica orgullosa, de manera que no se echó atrás, a pesar de las numerosas advertencias de sus amigos. Estos pensaron que no se atrevería por lo que decidieron restarle importancia.
      
       Por fin -o por desgracia-, a lo lejos se divisó el bosque.
       
       Los árboles eran altos, y sorprendentes. La vegetación era verde y abundante. Había algo en él, que le atraía y a la vez le estremecía. Su belleza era escalofriante e inigualable, como si de una película de terror se tratase. Cuando al fin se encontró frente al bosque, comenzó a adentrarse poco a poco, tratando de hacer el menor ruido posible, olvidando de pronto el miedo que sentía. Al oeste, se podía divisar el sol perfilando el horizonte, entre los colores del atardecer. 
Pasaron las horas. Cuando la luna ya se encontraba en plena noche, pudo ver una espesa niebla que poco a poco, se extendía por el bosque, y sintió el deseo de acercarse cada vez más. Cuando llegó, vislumbró un hermoso lago, iluminado por la luz de la luna. Esta, se volvió para ver el camino por el cual había venido, temiendo perderse. De repente, sintió un frío espectral, y el miedo que tiempo atrás había perdido, recobró su fuerza, y se hizo más intenso. Fue entonces cuando escuchó un suave, -y a la vez frío- susurro:

- Te estaba esperando.... Victoria.

Esta, presa del pánico, se dio la vuelta para ver de donde provenía la voz. Las piernas le temblaron hasta el punto de perder el equilibrio. Un fuerte viento se levantó de pronto, cuando sintió que algo se acercaba… sintió el deseo de salir corriendo, pero el pánico que se había apoderado de su cuerpo, se lo impedía. Como si de un bloque de hielo se tratase, Victoria yacía en el suelo, paralizada. Quería correr, y marcharse de allí… pero ya no había vuelta atrás… sólo miedo ante lo desconocido… 

Lourdes Núñez Ardila

Lucha de contrarios

El mundo es un amplio espacio sumido en una profunda crisis moral en la que prima el materialismo y el instinto. Un lugar en el que el concepto de bien y mal se contraponen, y en el que el ser humano parece más un ser vivo escapado del zoológico que un ser capaz de razonar, de establecer y tomar sus propias decisiones a partir de un amplio abanico de cuestiones. El mundo está sumido en un profundo caos, en el que todo es una continua lucha de contrarios, lucha en la que el conocedor de la situación trata de despertar al mundo haciéndole entender la situación real, pero que sus gritos por desaturrullar al mundo son meros murmullos ahogados entre el bullicio de la sociedad. Una sociedad ignorante carente de sentido en su vida que se limita a vivir sin un fin u objetivo ético que solventar. Personas débiles que se dejan llevar por el viento de la situación, ya sea por ignorancia o por miedo a expresar lo que sienten o piensan. Nunca hay que tener miedo a expresar nuestros principios. Toda persona está en su derecho de defender unos ideales por los que vive, siempre bajo un fondo ético y moral, y debe ser respetado. La sociedad vive en un mundo manipulado por gran parte de los medios de comunicación -altamente politizados-, los cuales imponen una serie de modelos de vida erróneos que generan una sociedad corrupta y desproporcionada.
El hombre debe exaltar sus valores personales y elevar la dignidad de su raza -hasta ahora muy degenerada- y no dejarse llevar por la marea ni por un mundo tempestuoso en el que todo es relativo. Incluso los políticos se limitan a vivir con el objetivo de encauzarse el bolsillo entregándose al arte de la oratoria y a defender una serie de hechos inmorales e impropios de la condición humana, que incluso ellos puede que no estén de acuerdo, pero que el afán de poder les mueve a defender y promover.
Toda persona debe aprender a vivir de una forma correcta, conforme a su conciencia, sin dejarse llevar por el instinto, superficialidad y materialismo... debe aprender a vivir de una forma ética, en la que el ser humano conviva en paz y armonía con el resto, y sin necesidad de manipular con el único objetivo de lograr un beneficio propio. El hombre debe buscar un sentido a su vida, aquello por lo que realmente merece la pena vivir, y no limitarse a disfrutar del momento así sin más no importándole si hace bien o mal, porque entonces ya todo estará perdido, su vida estará llena de vacío, y ya será tarde para comenzar una nueva lucha de contrarios

Lourdes N.A.

Relaciones antitéticas

Toda guerra sucede por alguna causa, por algún hecho o circunstancia que explota en un determinado momento. El detonante de esa guerra probable puede ser provocado o simplemente originado, no buscado ni perseguido. En esa guerra aparecerán los bandos, los enemigos, los contra-atacantes y contra-atacados; cada bando tendrá una concepción diferente de la vida, de los demás y de sí mismo, concepción que se verá influenciada y determinada por la formación que le hayan otorgado, y también por el contexto social en el cual se desarrolle su vida. Todos los bandos harán aquello que crean mejor, aquello que sea acorde con sus coherencias. Unos respetarán, otros atacarán, y puede que además busquen en el arte de la demagogia su arma de doble filo. Estos últimos, se acogerán al arte de la manipulación como búsqueda exasperada de la consolación y de la falta de recursos o argumentos: Tratarán de imponer su poder como objeto de control. Sin embargo, aquellos que no sean sometidos a dichas palabras, se verán envueltos en numerosas críticas: Todo será fruto del mero intento de lograr el monopolio de la situación, a través de la lucha por bajar la estima de la persona, enalteciendo al orador. Sin embargo, aquel orador que se mantenga firme en sus palabras jamás elevará la voz ni desarrollará una táctica de control, puesto que la confianza en éstas le ayudará para valerse por sí mismo sin necesidad de manipular al resto. A pesar de todo, la ignorancia dará fruto a la equivocación, y la equivocación al establecimiento de culpa al inocente. Éste último será castigado por las infamias e injurias de sus enemigos, los cuales se quedarán en las apariencias sin profundizar en las causas que originaron el proceso de desviación. Éstas infamias e injurias acelerarán el proceso anteriormente nombrado con la consecuente desviación total del grupo. Tras dicha desviación, el demagogo hará alarde de su arte con el único objetivo de lograr la unión del grupo. Otras veces buscará en la crítica y en el sentimiento de culpa su arma de control. Sin embargo, el orador inefable utilizará la ignorancia como arma, logrando así la degeneración del grupo manipulador. El primero continuará cegado por sus incoherencias, mientras que el segundo seguirá firme en sus actos y en sus coherencias: Los actos sucedidos le habrán demostrado lo necesario para ser consciente de la situación real. Por último, se producirá la desviación total e inevitable del grupo debido a los hechos inminentes acaecidos. El orador inefable comprenderá el por qué de sus razones, mientras que el orador demagogo criticará la decisión tomada por el orador inefable, y es que como dice el refrán "No hay peor ciego que el que no quiere ver": El inefable abrió los ojos, el demagogo se hundió en sus pesadumbres.


Lourdes Núñez Ardila

 
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