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Mis escritos: Adiós...

sábado, 17 de mayo de 2014


- ¡Toc, Toc!
- ¿Quién es?
- Soy yo, el amor
- Perdon, ¿Quién? ¿El amor?
- Sí, sí, el amor
- Perdone, pero se ha equivocado
- ¿Yo equivocarme? Jamás, la que está equivocada eres tú... ¿A quién pretendes engañar?
- ¿Engañar? Yo no pretendo engañar a nadie, sólo le digo que se ha equivocado... Por favor vayasé...
- ¡Ay, Pobre ingenua! Pobre ilusa... Pobre estúpida que te dejas engañar... Sabes que ya he entrado, ¿Por qué intentas echarme? No puedes, es algo inevitable.
- Sólo intento olvidar, después de todo no debe ser tan difícil
- ¿Difícil? ¡¿Sólo difícil?! No es tan fácil, y lo sabes...
- ... Sólo es cuestión de tiempo... Una vez, ya no más...
- ¿Ya no más? Ni tu misma crees en tus palabras... Otro llegará y volverás a caer... Pobre ingenua...
- Sólo quiero intentarlo, ¡Déjame!, ¿Por qué no te vas? ¿Por qué te empeñas en ocupar mi tiempo? Sólo quiero ser feliz, a mi manera, vete... Déjame, no quiero saber más de ti.
- No puedes huir de mí... ¡Pobre tonta, enamoradiza!
- Déjame, no quiero oirte, no quiero volver a saber más de ti. Cuando vuelves es sólo para hacerme daño. El amor no existe, lo sé...
- El amor no existe, puede ser, pero cuando llama a tu puerta nadie le dice que no.
- Pero no llamará...
- Algún día alguien vendrá, sabrá hacerte feliz
- No, no es cierto, no te creo, todos son iguales...
- Llegará cuando menos te lo esperes
- ¿Y si ahora vuelve?
- No volverá, lo sabes...
- No volverá, lo sé... Aunque si volviese...
- Aunque si volviese, ¿Qué?
- ... Nada, ya no estaré aquí para recibirle, será demasiado tarde
- Pero de mí no te olvidarás...
- Sólo es cuestión de tiempo que tarde o temprano te vayas...
- Pero volveré
- Volverás... No lo sé, pero, ¿Sabes qué? Me da igual, ahora quiero olvidarte, quiero olvidarme de todo esto... Fui feliz durante un tiempo, de nuevo nació en mi esa ilusión, ese sentimiento que tanto añoraba...
- Y es que la vida puede ser maravillosa...
- Puede... A veces lo es, y a veces no, y ahora no es el momento. Ya hemos hablado bastante, vete y no vuelvas más...
- Te lo he dicho, no puedes engañarte, no puedes echarme...
- Pero dices que volverás, ¿No?
- Volveré
- Así pues, hasta entonces

El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña




















"Para una mujer, el primer beso es el final del principio; para un hombre, el comienzo del final" *Helen Rowland, periodista y humorista estadounidense


"En un beso, sabrás todo lo que he callado" *Pablo Neruda


Los Amantes no saben nada e ignoran todo acerca de lo que sienten el uno por el otro, y sin embargo ese no saber es lo que los une.

Magritte en este cuadro, se une a Platón, e imagina la pareja obligada a amarse en su caverna; esta subyugacion induce a la vez una sensacion de bienestar (la felicidad de poder amarse) y de malestar (el verse dominado por una pasión en conflicto con la razón)


Todos nos hemos visto alguna vez condicionados o coaccionados por la razón. Nos hemos visto obligados a "esconder" o ignorar nuestros sentimientos por diversos debates originados por esta.

Muchos nos preguntaremos, ¿Merece la pena arriesgarse? ¿Merece la pena darlo todo por amor? ¿O por alguien que lo único que demuestra es su más absoluta ignorancia hacia nuestra persona?

¡Sí! Merece la pena arriesgarse, pero siempre por alguien que merezca la pena. Por ello, aquella persona que te ignora, que te desprecia, que no te valora, no la merece. Hay que darlo todo, pero en el momento preciso, con la persona precisa. Porque "arriesgarse es perderse un poco, pero no arriesgarse es perderlo todo".

Según Rousseau, "El ser humano es bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe". El hombre es bueno en su esencia, pero el contacto con la sociedad le lleva a la corrupción, a la degradación de su bondad, de su estado primitivo. El contacto con la sociedad le lleva a comportarse de un modo que le garantice su seguridad y su supervivencia en la misma. Es una cuestión de "autoconservación".

En el amor sucede lo mismo. Cuando la otra persona se comporta de una forma egoísta, y a su vez no nos demuestra un mínimo de interés, nos vemos "obligados" a comportarnos de la misma forma. Es el "rencor" o el "dolor" mismo sufrido, el que nos lleva a comportarnos del mismo modo, a conducirnos hacia nuestra propia "corrupción" como medio de supervivencia. Si esto nos sucede continuamente llegaremos a un punto en el que seremos nosotros mismos los que nos comportemos de la misma forma, nos "convertiremos" en lo que otros son o fueron: Lo que para nosotros antes era una forma totalmente equivocada de actuar será lo habitual, "hacer daño" para nosotros será algo que nos pase inadvertido.

A pesar de todo, muchos somos lo que no nos damos cuenta de ello, o lo que es peor, nos damos cuenta pero nos resulta tan doloroso que tratamos de engañarnos a nosotros mismos. Por ello, aunque recibamos un trato que no nos merecemos, no nos hacemos valer, y no debería ser así. Nadie es más que nosotros, ni nosotros somos más que nadie. A aquel que no nos valore, que no nos quiera, hay que darle puerta, enseñarle el camino de vuelta.

No nos debemos dejar engañar. Siempre hay que ser sincero, porque la verdad duele, pero la mentira aún más. Así que no debemos engañarnos. Hay que saber partir justo a tiempo. Soñar es gratis, pero esos sueños, esas ilusiones pueden llevarnos a una caída en picado: Así pues, hay que vivir con los pies en el suelo. Y como dice el refrán, "Mejor solo que mal acompañado".



Y es que hay que saber decir adiós cuando es necesario.


¿Qué no me quieres? ¡Ahí te quedas!






"No hay peor ciego que el que no quiere ver"


"El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña..." =)

Amamos lo que conocemos




"Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas"

PARACELSO



¿Sólo se ama lo que se conoce? ¿O también amamos lo que no conocemos? Ambas preguntas podrían tener una respuesta afirmativa, pero más afirmativo resultaría decir: Sí, amamos lo que conocemos. Y ¿Por qué? Pues bien, no se puede amar lo que no se conoce, pues como es evidente "no se conoce". Sin embargo, cuando conocemos algo de verdad, lo "descubrimos", profundizamos en ello, llegamos a amarlo.

Yo, por ejemplo, siempre he odiado las matemáticas, pero sin embargo las pocas veces que lograba aprender algo con óptimos resultados, -pocas veces eran esas- experimentaba interés e incluso "amor" por ellas.













Y es que amamos lo que conocemos.

Ecos de guerra

Este relato tiene un par de años. Lo escribí para "Excelencia Literaria". Evidentemente no me lo publicaron, al igual que todos los que enviaba. No está bien escrito, pero debido a la petición de una persona, he accedido a publicarlo. Espero que aún así lo disfruten ;)



01/06/1939... Resuenan ecos de guerra.... El sol amanece sobre un mar apacible en calma. El 17 de julio del 1936 la guerra civil comenzó a sentirse, y tras cuatro años de continuas batallas entre franquistas y republicanos, Franco proclama su victoria el 1 de abril de 1939. Habían muerto medio millón de personas. Un trágico suceso, difícil de olvidar.

Una lágrima resbala por mí mejilla al recordar el trágico suceso acontecido un año atrás. Era una lluviosa mañana de abril, tenía 12 años. Desde aquella mañana sabía que nada volvería a ser igual. Presentía en lo más profundo de mí ser, que algo iba a suceder; dos horas más tarde me enteré de lo sucedido: Mis padres habían sido brutalmente asesinados. Quizás, fuí el último aliento de vida que les mantuvo con el valor de luchar, antes de que las balas de los fusiles, en manos de los republicanos, atravesaran sus cuerpos sin compasión. Minutos después de enterarme del terrible acontecimiento, comencé a asimilarlo. El dolor se apoderó de mí. La tristeza se hizo presente en mi vida. Hacía tan sólo unas horas que había estado con ellos, y ahora, a causa de la guerra, los había perdido. Toda la alegría de mi adolescencia había desaparecido. Nada volvería a ser igual. Fue un año díficil que conseguí superar con múltiples esfuerzos por salir adelante.
Un mes más tarde, me encontraba en un orfanato. Era un lugar carente de alegría, invadido por una triste pérdida, pero el deseo de recuperar el calor de una familia me aportaba fuerzas por salir adelante.
Un año más tarde, un señor y una señora elegantemente ataviados acudieron al orfanato. Buscaban un hijo, un hijo al que darle amor, de lo que yo por entonces, carecía. Cuando los ojos de aquella señora se posaron sobre mí, sentí una punzada de esperanza por recuperar el calor de una familia que un día me arrancaron.
Días despues, iba camino de mi nuevo hogar: Una bonita casa a orillas del mar. Mi padre es un importante economista, y mi madre una locutora de radio destacada en la sociedad. Estos últimos meses han sido y son, los más felices de mi vida, y es que, hay cosas que el dinero no puede comprar, como una familia. He aprendido muchas cosas, pero lo más importante ha sido aprender a sonreír. Sonrisa que un día me arrebató la crueldad, pero que ahora no me podrá arrebatar nada ni nadie. Desde entonces vivo con mi nueva familia, familia que no cambiaría por nada en el mundo.
Comprendí que la palabra hogar es algo más que una simple palabra. Cuando decimos hogar, también decimos: Amor, alegría, felicidad... lo esencial para una persona. Esencia que yo necesitaba, y que ahora tengo.

El sol perfila el horizonte, entre los colores del atardecer.

Lourdes Núñez Ardila

 
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